GALERÍA: POEMAS
 

 

 

Zona 10.b (Poemas textuales: varia )

 

 

 

 

 

Tú, yo, nosotros...

            debemos tener algún mar

de piedra entre las venas,

 

 

alguna navaja clavada

                                   en la memoria,

            algún rayo de sol absurdo

iluminando nuestra nada

 

 

o , si no, explícame porqué

                                   siempre se nos des-

            hacen los sueños

entre los dedos.

 

Necesitamos

         averiguar la razón

                                   de tanto óxido, de tanto olvido,

            amarilleándonos la mirada,

de tanta huída de

 

 

nosotros mismos.


   D ON QUIJOTE Y S ANCHO

 

 

 

 

HOMENAJE A DON QUIJOTE

-a cuatro siglos de su natalicio-

 

 

Con el alba apenas anunciada,

a lo largo, el camino se levanta.

Fantasía y hambre: ansias varias.

Don Quijote y Sancho, un ideograma.

 

Al mediodía, el camino se derrama,

        es brasa, se abrasa. ¡Sancho! ¡Allá,

la aventura!¡No!¡Mire que son aspas!

¡Son gigantes! Qué furia, la lanza.

 

Éxtasis, la belleza. La palabra

                          rueda por los suelos astillada.

¿No le dije yo…? Experiencias de la nada.

 

Y usted… ¡hala!    Pasión. Ala. Alas

                        para atravesar precipicios. Alas

de luz, de barro, al barro clavadas.

 

  ROMANCE DE LA SOLTERA FIEL

 

 

 

 

 

A LORCA, FEDERICO

porque la vida da muchas vueltas

 

 

 

 

Que no me la llevé al río,

ni me engañó la mozuela,

que no tenía marido

y era sobrada de juergas.

 

 

                *

 

 

Fue, en una noche sin nombre,

para mí lo más querido:

tenerla justo a mi lado

ardiendo entre sus abismos.

 

 

Hubiera tocado sus pechos

si me hubiera atrevido.

Pero las manos... se me hicieron

un muro no sé porqué motivo.

 

 

Las dos manos se me quedaron

con sus dedos hechos vidrio,

amarradas al silencio

ante aquel cuerpo encendido.

 

 

 

Con luces hasta los bordes

las paredes de aquel sitio,

y un estrépito de altavoces

castigándome los oídos.

 

 

                 *

 

 

Sin movernos de la silla,

nos miramos, nos quisimos.

Ni siquiera nos hablamos,

ni tampoco desvestimos.

 

 

Ella esperaba que yo

me bebiera el camino

que separaba mi fuego

de las brasas de su vino.

 

 

Pero yo quedé callado,

y ella nada me dijo.

 

 

Me porté como quien soy,

un tímido empedernido.

Le hubiera dado mis sueños

atado a sus latidos.


 

 

Pero yo me enamoré

aunque , sin habla y sin brío,

quedara asido al silencio,

ahogado entre mi vestido.

 

 

                 *

 

 

Que no me la llevé al río,

ni me engañó la mozuela.

Soltera y fiel a sí misma,

era sobrada de juergas.

volver a libros

Volver a Galería Poemas