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-BoletínAssociació
Amics de l’Art-
Barcelona,
febrer, 2006
La frontera del Infinito
-método minimomaximalista-
Gustavo Vega
Por Eduardo BARBERO
(Fragmentos)
En
nuestros días el término “minimal” es
un término meramente comercial, ya se hable de una exprimidora, música o de un
edificio. Pero si nos remontamos a su origen este significado hoy tan banal muestra
una entraña preñada de mesura y conceptualizaciones.
Recordemos el cuadro suprematista de Malévich de 1919: “Blanco sobre blanco” o
la obra de algunos de los minimalistas más influyentes en el arte del pasado
siglo: Carl Andre, Dan Flavin, Donald Judd, Sol LeWitt, Robert Morris… Es a
través de estos artistas donde Gustavo Vega encuentra inspiración para crear,
ya en 1984, La
Frontera del Infinito -método minimomaximalista-. Sin
olvidar otros modos de hacer, aplica el método minimalista a su propia creación
poético-visual. Este libro nunca vio la luz como tal -el mundo editorial
considera que los poemas visuales no son susceptibles de convertirse en objeto
de comercio- aunque sí retazos de él en revistas, catálogos, antologías y
exposiciones.
La Frontera del Infinito es ante todo un libro de
poesía. Cuarenta poemas visuales completan el recorrido de este poemario más un
extenso preámbulo o cuerpo teórico donde la finalidad básica del libro queda
prontamente desvelada por las concreciones, aclaraciones y comentarios que
realiza el autor. Este cuerpo teórico
enseguida se adhiere a la máxima del artista de la Bauhaus Mies Van Der Rohe: “Menos es más”.
“- es +, o viceversa”, añade Gustavo
Vega. Continúa con una explicación del “método
minimomaximalista” como fórmula de creación poética. Es aquí donde el autor
nos propone añadir significados suprimiendo. Wey-wu-wuey (hacer-no-haciendo,
eje principal del Tao). Al suprimir des-vela,
al desvelar despoja y la poesía se nos muestra pura, totalmente desnuda.
El preámbulo finaliza con un poema-homenaje al
Minimalismo histórico de los años 60.
Este homenaje abre a su vez el poemario donde Vega nos recibe con un irónico y
contundente “The End” para dar paso a
través del nacimiento -Ya sangrando/ el
sol se levanta/ en la mañana- a tres Nocturnos
donde nos arranca la sonrisa y nos lleva a la reflexión mediante los llantos de
un niño -primeros ensayos del poeta-. Dice
León Felipe, citado por el autor: …Creo
que la filosofía arranca del primer juicio/La poesía, del primer lamento… A
partir de aquí Gustavo Vega va desgranando experiencias con su método “minimomaximalista” hasta cerrar con una
poética página en negro.
Al
igual que en sus libros anteriores, Habitando Transparencias (1982), Prólogo
para un Silencio (1996) y El Placer de Ser (1997), La Frontera del Infinito lo componen poemas visuales nacidos de lo cotidiano, de observaciones
de la realidad social, de la existencia, de la no-existencia, de ausencias. Son
poemas-zarpazo, poemas-lágrima, poemas-caricia, poemas-burla, poemas-duda…Territorios-frontera
que nos sugieren lo máximo con lo mínimo, donde lo más elemental suele ser lo
más complejo, donde el microcosmos se transforma en macrocosmos o viceversa.
Territorios-frontera llenos de reflexiones convertidas en metáforas visuales:
austeros paisajes tipográficos, signos que esclarecen, huellas que rechazan el vacío, voces que ahuyentan el silencio, gotas que
salpican la ventana, energías que
desvelan la forma, “la nada liberada” (Malévich).
De
los innumerables viajes que podemos emprender a través de la poesía, el viaje
que nos propone Gustavo Vega es un viaje diferente, sin apenas equipaje, en donde
“lo que se ve es lo que se ve” (Frank Stella, 1966). La
complejidad del autor estriba en el hecho de que dentro de los poemas visuales
aparentemente sencillos, hechos a veces con vulgares recortes de prensa,
existen múltiples niveles de experiencia. Estos “códigos secretos” culminan
cuando el lector visual establece cierta complicidad con el autor. Así que cada
poema encierra en sí mismo una explicación: “la poesía se explica por sí misma, o si no carece de explicación” dice
Pedro Salinas.
La Frontera del Infinito es poesía filosófico-visual. Una poética que conecta de pleno con el
decir de Octavio Paz cuando escribe dentro de su libro El Arco
y la Lira: “Vida y Muerte,
ser o nada, no constituyen substancias o cosas separadas. Negación y
afirmación, falta y plenitud, coexisten en nosotros. Son nosotros. El ser implica
el no ser; y a la inversa”. Siendo, por tanto, una poética que asume en su
ser tanto la reflexión filosófica como la emoción poética, tanto la máxima
complejidad como la sencillez, la contradicción.
Cabe
agradecer desde estas líneas a la colección Plástica
& Palabra de la Universidad de León el regalo que nos acaba de hacer a los
amantes de la poesía visual con la publicación, después de más de 20 años de
haberse concebido, del último libro de este poeta-filósofo-pintor-profesor que
es el infatigable explorador Gustavo Vega.
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