Poética del silencio

Gustavo Vega expone en…

Por Maria Ángeles Lasanta

 

(fragmento)

 

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 Su formación es pictórica y filosófica pero a Gustavo Vega no le interesa el adjetivo de pintor, prefiere el de artista visual que abarca un campo más amplio donde se introducen las nuevas tecnologías.

La filosofía da cuerpo a la conceptualización pero la vivencia se expresa plástica o poéticamente porque hay momentos en los que un sólo lenguaje se encuentra limitado para este artista, por eso su tendencia a la interdisciplinariedad; en ese sentido la poesía visual es la intersección entre lo visual y lo escrito que se dirige a la poética del vacío o a la poética del silencio que para él es lo mismo, influido por la filosofía oriental donde el todo y la nada coinciden y el silencio es lo más elocuente.

   Gustavo Vega considera que los caligramas son un preámbulo de la poesía visual. Los griegos ya hicieron caligramas; en la Edad Media existen caligramas con un fuerte carácter esotérico; el Barroco fue una etapa gloriosa del caligrama. Apollinaire lo inmortalizó más tarde y los futuristas consideraron que él lo había inventado pero la tradición es fundamental y no se puede buscar siempre la referencia de la poesía visual en el surrealismo.

     Gustavo Vega está muy influido por la escritura de Octavio Paz y el estilo pictórico de Guinovart, a los que admira profundamente. Pertenece a la generación posterior a la de Brossa y Guillem Viladot, exponentes importantes en el campo de la poesía visual en Cataluña.

 En la actualidad en España se trabaja el poema-objeto o el poema-acción; otra tendencia es la de la polipoesía, un intento de hacer un espectáculo poético recitando con la utilización de diferentes medios. (…)    A Gustavo Vega le interesa ahora el videopoema usando el video como herramienta de poesía,

Independientemente de la posición que se adopte dentro del panorama cultural a favor o en contra de este tipo de lenguajes, lo cierto es que no debemos olvidar hacer referencia a lo que en su día la escritora Amparo Amorós denominó Poética del Silencio y que desde el punto de vista de quien escribe estas líneas tiene bastante relación con la actitud que adopta Gustavo Vega ante su propio proceso creativo.

   Octavio Paz, poeta admirado por este artista y que es sin duda el que suscita el tema tanto en la poesía española como hispanoamericana tiene aspectos en su obra donde se suman influencias y tradiciones como la de Mallarmé, el hai-ku japonés, la mística oriental, la música de Webern y John Cage, etc. Junto a este poeta, María Zambrano desde la filosofía introduce el tema en páginas inolvidables donde su reflexión sobre el silencio se convierte en materia poética.

  Los libros «Entre el silencio y la palabra» publicado en 1960 por Rolf Carballo y «Palabra y silencio» de Ramón Xirau que aparece en 1968, son claves importantes.

   Los antecedentes de la poética del silencio rebasan nuestras fronteras en opinión de Amparo Amorós y abarcan desde el hai-ku japonés y Mallarmé hasta la tradición mística y Ungaretti. llegando hasta ese gran poeta en lengua alemana que es Paul Celan.

   Ampliando el horizonte, la estética del silencio hunde sus raíces en la Viena de principios del novecientos y se sustenta en obras como las de Hofmannsthal, Wittgenstein, Karl Kraus, Adolf Loos, Anton Webern, etc... extendiéndose en el espacio y el tiempo a la música callada de Federico Mompou, el cine de Ingmar Bergman, la obra de Samuel Beckett, la arquitectura de Kenzo Tange, la pintura de Rothko o Newmann en Norteamérica o la de Cristino de Vera en España, la escultura de Chillida y Oteiza.

 

   Como dijo Rilke con palabras proféticas de sus Sonetos a Orfeo en el arte de nuestro tiempo: «Todo enmudece. Más del total silencio surge un principio, la señal, el cambio».

 

 

 

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