Artículos sobre Gustavo Vega

 

 

Gustavo Vega:

«Me definiría como un híbrido

entre la filosofía, la literatura y la plástica»

por Antonio Manilla

 

El creador leonés, residente en Barcelona, expone sus “Poéticas visuales” en Caja España.

 

La Crónica 16. León. 13 de diciembre de 1994.

 

 

«Procuro no poner límites entre arte y literatura, sino jugar con ellos, aunque choque con las mentalidades academicistas. Es un poco la idea de arte total: me gusta buscar el todo, la plenitud, tener como prototipo al hombre renacentista puesto que estoy en contra del impulso actual hacia la especialización. En cuestiones humanísticas hay que destruir la idea del especialista y mezclar las artes». Estas palabras pertenecen al creador leonés residente en Cataluña Gustavo Vega, que exhibe hasta el día 20 de diciembre en el Centro Cultural de Caja España la muestra «Poéticas visuales». «El adjetivo de poeta me vale», continúa, «pero el de pintor me limita mucho. Soy un híbrido entre la filosofía, la literatura y la plástica».

El fruto de este mandamiento son los Poemas-objeto y Poemas visuales (objetos que entran en conexión, campo de interferencias) en los que a base tanto de nuevas tecnologías como de tradicionales se busca la esencia de lo lírico, la metáfora. Entre los materiales puede encontrarse pintura, óleo, acrílico, serigrafía, collage, híbridos, objetos y sonidos. Aunque por motivos de montaje (la muestra es itinerante) no todo lo previsto se ha podido realizar, Se juega con la espectacularidad de la obra, una obra cuyo centro es la plaza de la poesía y a la que desembocan calles como la reflexiva, la lúdica, la inconforme, la irónica o la crítica. La relación entre la palabra y la imagen es la simiente: «Hay una especie de interacción entre la palabra, cuando la hay, o el signo, y la plástica; todo forma un mismo cuerpo, un lenguaje, expresión; es como cuando juntamos dos palabras para formar una imagen».

Todo ello se enmarca dentro de lo que es la poética que ha inventado Vega: «la poesía minimomaximalista, que consiste en aplicar los principios y maneras de hacer del minimalismo plástico al campo de la poesía visual. Al ser poesía visual y no mera plástica, al decir lo mínimo, se procura lo máximo y a veces en máxima. Si el minimalismo americano coge elementos ya hechos del mundo de la industria y los presenta como obra hecha. Yo cojo el grito de un niño recién nacido y al aislarlo y reubicarlo se convierte en poema». Respecto al carácter que puede tener esto de novedoso o de incomprensible para el espectador, afirma que «la captación es cuestión de sensibilidad. Hay de todo, desde gente que dice no entender nada pero que sabe que ahí dice algo, con lo que a mi me vale porque eso quiere decir que ha tocado la poesía, eso un tanto etéreo, indefinible, misterioso que trasciende lo que está ahí».

 

La desconocida historia de la poesía visual.

«Cuando empecé yo inventé la poesía visual; pero pronto descubrí que otros la habían inventado antes y que tenía unos antecedentes históricos que empiezan con la civilización griega». La historia de esta forma de expresión que a la mayoría le parecerá novedosa y chocante tiene una línea de continuidad, como explica Gustavo Vega: «La poesía visual se enraíza en una tradición que comienza con los caligramas griegos, caligramas que se siguieron haciendo en la Edad Media dentro del cristianismo medieval. Posteriormente, en el siglo XVII, hubo una producción bastante fuerte en esta línea, los "carmina figurata". En el XIX, esto se pierde un poco para reaparecer al reinventarlo en el XX Apollinaire, que fue quien inventó el término "caligrama". A él lo descubrieron los futuristas, a los que seguirían otros movimientos como el Concretismo en los años 50 que pretendía imitar a la pintura abstracta. En los 60 aparece la "poesía visual", que los italianos la llaman "poesía visiva" porque tiene un pequeño matiz diferente; en Francia fue el "Letrismo"... en fin, todos estos movimientos de alguna manera son vanguardia, pero, a su vez, no lo son, porque tienen toda una tradición detrás. El problema es que a veces los creadores no conocen la tradición anterior». El autor leonés lo mira así, al referirse a él mismo: «Lo de la vanguardia es muy peligroso. Para empezar; es un término militarista; además, en su nombre se han hecho muchas tonterías y se han disimulado muchas carencias en cuanto a dominio de la técnica. No me gusta ni me molesta que tachen mi obra de vanguardista, pero yo, en todo caso, la considero una vanguardia secular, en el sentido de que tiene toda esa tradición a sus espaldas».