| Artículos sobre Gustavo Vega |
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La poesía que se ve según se mire. por Angels Gallardo
El Periódico. Barcelona. 28 de octubre de 1989.
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Una O mayúscula, delineada junto a un desnudo de mujer de caderas anchas es un poema que dice "OH". Las caderas son la hache. ¿Por qué un poema? Posiblemente porque una mujer gruesa junto a una O no significa, estrictamente, nada. Si acaso, sugiere. Un desnudo puede molestar, emocionar o aburrir, ”Oooooh". Quizás el Oh llegó al pensamiento por imitación, al contemplar un cuerpo ancho por las caderas, como las haches. Es una idea. O un poema, visual. Imposible de seguir si no se juega a ver mucho más de lo que, científicamente, hay. En realidad, como sucede con las abstracciones, la obra existe si quien observa tiene el gusto de inventársela. Es un experimento gráfico, dicen unos. Una desvergonzada transgresión del verso, resuelven los más estrictos. Un juego libre con cuerpos y objetos, opinan otros. Y así avanza el género desde los años 60, como acontece con la pintura, la escultura o la música de vanguardia. El poema "OH" lo pintó o escribió Gustavo Vega hace ocho años, cuando el género aún se balanceaba en España entre las bromas de quien no entendía nada y el demérito de los ortodoxos del arte clásico. Vega pertenece a la denominada segunda generación de poetas visuales que, en Cataluña, siguen siendo, menos de media docena. Clasificar su obra es un riesgo, Son minimalistas, porque utilizan lo mínimo para decirlo todo, concretos, por lo mismo. Contradictorios. Nunca se sabe si lo que muestran es un absurdo, una tontería o un sarcasmo. Depende del observador. Poema de amor, "Más", reproducido de un recorte publicitario, es uno, y el titulado Pero se fue con ella, son dos piezas de La frontera del infinito, último libro de poemas compuesto por Gustavo Vega. Y si Joan Brossa, primera generación de la especialidad, convirtió la gama opticométrica de un oculista en pieza de museo, Vega ha sacado de sus casillas los gráficos del mercado de valores bursátiles. En Cuarteto para financieros a la baja, Gustavo reproduce con precisión la gráfica de un día negro en las bolsas de Bilbao, Madrid, Valencia y Barcelona. "Esos trazos absurdos se convierten en poema cuando los sacas de su medio. Entonces ya no sirven pare nada, son mitos inútiles, imagen poétíca". Como lo es el titulado Evolución del precio del oro. Escrupulosamente, un cuadro cartesiano de divisas.
Estética con sentido. La poesía visual es estética absoluta- "Sin estética, no habría poesía". El esqueleto de las síntesis: "SOCIEDAD-SUCIEDAD", "HISTORIA-HISTERIA". Un dibujo hecho con las letras de la palabra "a g o t a m i e n t o", dejando caer la palabra, o un combinado de todo lo dicho, con incrustación de objetos. Cúmulo que Gustavo, por si había poca complejidad, adorna con música telúrica que compone para ambientar sus veladas rapsódicas. Unas sesiones que dejan al público en un túnel en el que se le permite trasgredir todos los convenios gramaticales. Frases, imágenes o sonidos de clave universal pierden su patrimonio y se convierten en dibujos con dos o tres significados distintos. "Añado valores que van más allá de la primera lectura". Vega, también poeta de verso sincopado, no ha olvidado el soneto, suigénerís. De acetato plástico y cartulina, el último lleva por título Minimmal sonet. Dice asi: "a/b/b/a a/b/b/a b/c/d c/d/c". Cuando recita su Terceto encadenado para los tiempos que corren, hace fotocopias. En lugar de palabras, los versos son la fotografía de un clásico coche “Escarabajo”, recopiado, que distribuye entre el público. Cuando el poeta golpea sobre una mesa, tres espectadores enganchan sus coches en la pared. El artista, da una patada, y otros tres coches quedan aplastados, con los morros en dirección contraria a los anteriores, encadenadamente y así sucesivamente. Cuentan que los precursores de la poesía visual fueron los hombres de las cavernas, que dejaban mensajes dibujando cuernos o bisontes. También se asimila el género al pictograma de los indios Cuna del Panamá, a los poemas figurados del medioevo, a los versos de Apollinaire o Huidobro... Otros opinan que el antecedente fue el caligrama helénico, que plasmaba ideas con forma de letras, ondulando las palabras hasta hacer figuras. En los años 20 de nuestro siglo, los futuristas franceses tomaron el relevo. Y en los 50 fue Brasil quien dio la nota con la música concreta y e! concretismo. Los minimalistas norteamericanos y la poesía visiva de los italianos dieron el empujón definitivo a las aburridas tardes de rapsodia. Brossa y Guillem Viladot tradujeron el estilo al catalán. Casi clásicos ya. Los nuevos poetas visuales no reprimen ocurrencias. Cualquier recurso incongruente, visto cabeza abajo, puede ser observado tiernamente y eso es poético. La otra tarde, Vega recitó su Soneto enmudecido ".,,. .,,. .,. .,." dando golpecitos de mensaje morse sobre un peldaño metálico. Otra dimensión fonética.
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