EL CIERVO -revista mensual de pensamiento y cultura-

Año LIII, noviembre 2004-12-24

Número especial: La educación es educarnos. Qué aprendemos…

Barcelona

 

 

 

Los alumnos saben lo que es disfrutar aprendiendo

 

Por Gustavo Vega

                       

 

 

Ver. Ver o perecer, ésta es nuestra condición humana. Crecemos y nos autorrealizamos -entre otros modos- según nuestra capacidad de ver, es decir, de conciencia, conocimientos, experiencias… de aprendizajes. Y, por tanto, en la medida en que satisfacemos tal necesidad natural se produce la satisfacción, el disfrute. Por lo que el binomio aprendizaje/disfrute -salvo algunas excepciones- se produce de forma natural y necesaria.

 

Cuando el binomio se rompe es que algo ocurre. Sabido es que una mala experiencia, un trauma, es también una forma de aprendizaje; como lo son igualmente algunos métodos didácticos -la letra con sangre entra-. Pero no parece que ésta sea la vía más adecuada para un planteamiento didáctico. Como tampoco lo es -creemos muchos-, frente a la aberración anterior, lo contrario: dar satisfacción a todo tipo de deseos, permitir al alumno pasar felizmente el día tocando la pandereta -frase hecha pero elocuente- sin adquirir métodos de estudio y de trabajo, conocimientos.

 

Se rompe el binomio aprendizaje/disfrute ya sea por la inadecuación de qué se enseña -materias inadecuadas a la edad e intereses- o por la inadecuación del cómo se enseña -metodología inadecuada, antipatía del enseñante…-. 

 

Mi experiencia como profesor en este sentido es diferente. Como profesor que fui durante años de Filosofía con alumnos de BUP y de COU recuerdo muchos momentos felices y otros un tanto frustrantes; estos últimos -los menos- motivados por exigencias ajenas que me impedían adaptar el programa a mis preferencias y a las distintas ideosincracias de los diferentes grupos o personas. Pero en la parte más importante de mi actividad didáctica en la que solamente he tenido experiencias satisfactorias -estado de ánimo compartido con mis alumnos- es la de la creación poética, sea poesía textual o visual. La satisfacción de los alumnos ha sido expresada oralmente en el trato cotidiano y, también, por escrito en encuestas realizadas al finalizar la actividad, así como en forma de demanda de nuevos cursos.

 

La creación poética en el aula, es algo que llevo realizando desde hace ya treinta años -habiendo pasado por todos los niveles de la enseñanza: primaria, media y universitaria-, y que ha ido evolucionando y adaptándose a las circunstancias -mi coyuntura laboral, cambios políticos…- con diferentes títulos, tales como: “Palabra e Imagen, Poesía Visual”, en cursos ofrecidos a universitarios y profesionales, “Taller de Poesía” eInfografía. Poesía Visual”, en cursos para alumnos de enseñanza media, a los que, según los momentos, ha sido ofrecida en relación con el área literaria, con el área artística y de forma interdisciplinar. Circunstancias varias que hacen que las diferentes producciones poéticas sean encuadrables en el ámbito de la poesía textual, visual, fonetista, poesía acción, etc. Siempre con la máxima exigencia en cuanto a la cualidad: “no vale todo”; sólo es aceptado lo más creativo, original y de mejor factura.

 

La creación poética, por tanto, y con ello respondo al tema que me ha sido propuesto, es una actividad en la que, por poder y haber sabido adaptar la materia a enseñar a mi propio gusto -algo imprescindible para cualquier profesor- y a las necesidades y expectativas de los alumnos, los alumnos sin excepción saben lo que es disfrutar aprendiendo.

 

 

 

 

 

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