PREÁMBULO                                                                                                       

 

 

(fragmentos)

 

 

 

El año 1984, después de haber visto algunas exposiciones del arte minimalista que en los Estados Unidos se había realizado durante la década anterior –Carl Andre, Dan Flavin, Donal Judd, Sol LeWitt, Robert Morris...-, tomé nota de sus modos de hacer y, aunque sin abandonar los que ya estaba utilizando, los apliqué a mi propia creación poético visual. El resultado fue un libro, La frontera del infinito, conformado por un cuerpo teórico, - es +, o viceversa (apuntes para un método minimomaximalista), y una muestra de realizaciones.

 

(….)

 

He de añadir que este método nació de una necesidad. Durante los años 80, muchos poetas visuales -no siendo, por ejemplo, diseñadores gráficos o empleados de imprentas-, además de utilizar otros medios -letras transferidas manualmente, pintura…-, recurríamos a la técnica del collage valiéndonos frecuentemente de la fotocopiadora, lo que hacíamos en negocios públicos sin posibilidad de experimentar a placer. En la década posterior, el panorama fue cambiando gracias a la irrupción de las nuevas tecnologías informáticas, que nos posibilitaron la realización directa de formas que hasta entonces tan sólo eran imaginadas y que nosotros no podíamos producir personalmente, tan sólo -en algunos casos- encargar a los profesionales del ramo.

 

 (…)

 

- es +, o viceversa  

(POESÍA MÍNIMA / POESÍA MÁXIMA

Apuntes PARA UNA POÉTICA MÍNIMO/MAXIMALISTA)

1-

es +, o viceversa

 

          

La adjetivación "minimalista" pertenece al orden o familia de "MINIMUM", esto es, mínimo, ínfimo, menor, microscópico, límite, extremo, borde, tope... lo menos posible. Lo que en el momento de la práctica creativa puede traducirse en términos de: restar, sacar, quitar, aminorar, rebajar, excluir, prescindir, reducir...

 

Por el contrario, la calificación de "maximalista" hunde sus raíces en el término latino "MÁXIMUM", es decir, máximo, mayúsculo, superlativo..., e igualmente que “mínimum”, también es límite, extremo, tope... y "MÁXIME" -fundamentalmente, sobre todo..- y también "MÁXIMA" -sentencia, fórmula, principio... -.

 

Pero dado que, como hemos oído tantas veces, frecuentemente y en mucos órdenes de la vida los extremos coinciden, aquí podemos decir que, más o menos, decir que - es + viene a ser lo mismo que afirmar, ni más ni menos, o que es lo mismo ni - ni +, que un poema minimalista puede ser considerado como un poema maximalista. Por lo tanto, esto que aquí ofrecemos es unos “apuntes” PARA UNA POÉTICA MÍNIMO/MAXIMALISTA

(…)

 

 

 

2

-es +, o viceversa

 o de la coincidentia oppositorum

 

 

El método aquí presentado implica una cierta "coincidencia oppositorum", unidad dialéctica de lo uno y de lo múltiple, conciliación de los contrarios... Es emparentable con términos e ideas, conceptualizaciones, que han llegado hasta nosotros -ya sea de forma explícita o sólo dejada entrever- en la obra de Tomás de Aquino, Nicolás de Cusa, Giordano Bruno, Leibniz y de otros preclaros pensadores del pasado. Y es también allegado a intuiciones profundas del ser humano que se han convertido en figuraciones o explicaciones míticas en diferentes y muy remotos lugares de la tierra. Tal es, por ejemplo, la figura de Ushas  ‑la "Aurora", "La Espléndida"‑ en la India o la figura de Neftis en Egipto.

 

Y en el ámbito de lo social y político, o en el plano existencial humano, el hecho de hacer coincidir en nosotros mismos, y vivenciar, realidades tan polares como el "Yo-T£", el "Yo-Ello", el "Ser" y el "No-Ser", etc. es algo que nos impulsa a vivir como humanos. Algo que nos urge, una y otra vez, a hacer y re-hacer la realidad, y a nosotros mismos, con construcciones mentales y culturales de todo tipo. Y es algo que, entre otras cosas, nos permite realizar una de las dimensiones tan humanamente elementales como es la posibilidad de emitir juicios. Si el hombre, al mismo tiempo que participa en el "ser", no participase en el "no-ser", ning£n juicio negativo le ser¡a posible. Y si en el hombre, tanto en su ser como en su existencia, no coincidieran y se conjugaran tantas y tantas formas de opuestos y contrarios como hay en ‚l, o son posibles de crear por ‚l, el hombre no ser¡a tal hombre.

(...)

 

Al igual que el "minimalismo" histórico, la poética minimoximalista aquí presentada es encuadrable entre las diferentes manifestaciones artísticas de corte racionalista y conceptual realizadas  en las últimas décadas.

 

(...)

 

En la idea de que suprimir es añadir se fundamenta nuestro método. Desde las costas sin nereidas de la Lógica Proposicional nos llega la luz de una regla de inferencia, el "modus tollendo ponens" que -¡tiene gracia!- si la miramos de reojo, se parece al método "‑ es +" que aquí presentamos como fórmula de creación poética. Lo que en nuestra práctica concreta puede explicitarse de la siguiente manera: Se trata de tomar expresiones lingüísticas o plásticas -sean propias o ajenas- ya realizadas de antemano para otros fines y despojándolas de elementos y de aditamentos -lo que suele equivaler a reducirlas, a minimizarlas.... y también a descontextualizarlas...-, les inferimos una nueva dimensión, una significación diferente.

La filosofía del "menos es más" parece haberse convertido en un signo de los tiempos. El método aquí utilizado coincide en muchos aspectos con el de los artistas del denominado "Minimal Art" -tendencia artística que comenzó siendo plástica en la segunda mitad de los años sesenta y que ha devenido posteriormente musical, teatral, arquitectónica, del diseño y de la moda... y, en nuestras manos, también poética. El minimalismo se ha convertido en uno de los movimientos más influyentes del arte de la segunda mitad del siglo XX.

Aunque el histórico "Minimal Art" no sea un movimiento propiamente dicho, es sólo una tendencia, y aunque sus propios creadores evitaron toda definición y encasillamiento, podemos abstraer una serie de caracteres que son comunes al proceder de los diferentes artistas calificados como minimalistas -caracteres que, con muy sano juicio, ellos ni sistematizaron, ni siempre respetaron-. Tales cualidades, revertidas por nosotros al orden de lo poético, son las siguientes:

 

             a‑ Utilización de materiales procedentes de creaciones anteriores sobre todo industriales. En nuestro caso, se trata de materiales generados por la industria de la comunicación impresa: productos de la propaganda comercial o ideológica, de la información, etc. Son fragmentos de dibujos, de gráficos, de textos... que en su momento fueron publicados en diarios, revistas, catálogos, folletos, etc. en un contexto y con una intención muy diferente a la que aquí se muestra.

 

            En algunos casos, en vez de elementos industriales, los materiales por nosotros utilizados son "frases hechas" o expresiones de la lengua común "re‑utilizadas" en el marco de una contextualización que puede resultar sorprendente.

 

            b‑ Los minimalistas plásticos -ya históricos- presentaban el material en su estado mas simple y primitivo, con muy poca o ninguna manipulación por su parte. Prácticamente lo dejaban tal y como lo encontraban en el mercado o en el container de los escombros. Eso sí, despojándolos de aditamentos o de circunstancias, desnudándolos...,  "des‑velándolos”, como quien "desvela el ser" al modo del decir heideggeriano, para ofrecerlos así, mínimos -¿"mínimos"?-, a la mirada.

 

            c- En ocasiones, todo el trabajo del artista minimalista se ha reducido al hecho de recoger un material ya hecho y cambiarlo de sitio, a descontextualizarlo. Cualquier objeto del gran libro que es el mundo, o la vida, como cualquier signo o elemento lingüístico, al descontextualizarlo cambia automáticamente de función, de significación.

 

            El artista rapta los objetos del prosaico ámbito en el que fueron instalados o abandonados, les arranca la máscara y el traje concreto que les define en aquel momento, les hace perder el sentido que tienen en aquel contexto y, haciéndoles dejar de "ser-utensilio" al servicio de la propaganda, de la información, etc., o "des‑hecho" de un pasado utilitario, les otorga una cierta "in‑utilidad" gloriosa, que les había sido negada y, con ella, una cierta dimensión poética. 

 

            d‑  Poética del encuentro, este método de trabajo puede ser definido como del “placer de encontrar”. Una forma de disfrutar des‑cubriendo, des‑velando, en-contrando... la poesía que se esconde entre los velos con los que la cotidianidad oculta, deslustra, el poético vivir del hombre -"... poéticamente habita el hombre la tierra", Hölderlin-. 

 

              Al leer el periódico, al contacto con las mil transacciones de la vida cotidiana, es cuando me he tropezado con los materiales aquí presentados como poéticos. Tropiezo, "encuentro", un tanto pasivo, consecuencia, no de una búsqueda concreta y definida, sino, de una búsqueda general no siempre verbalizable, como suele suceder en la vida. El azar, la circunstancia, el fijar los ojos ‑¡no sé porqué!‑ en un signo o en una palabra, y no en otro, es la clave del tropiezo.

 

               La valorización que se hace del material encontrado puede verse como una forma general de economía. Economía vital, y economía pecuniaria. Economía, incluso ecológica –aunque algunos "minimalistas" plásticos compraban sus materiales en el comercio, otros los adquirían ente los "des‑hechos" de la vida cotidiana-. Y hay, por tanto, una actitud que puede entenderse como estética y, al mismo tiempo, como ética.

 

e-      Repeticiones,  series...    

 

(...)

 

            (…)

                                  

Gustavo Vega