"Plaza del Buen Suceso"

por José Enrique Martínez

Filandón, Diario de León. 2 de abril, 1995.

 

 

En alguna ocasión, Gustavo Vega definió la poesía visual como una «manera de hacer poesía en la que se juega con el cuerpo de la frase, de la palabra, de la letra. Se experimenta con la forma, la textura, el color, la colocación espacial de la palabra, añadiendo así, al contenido semántico que le sería propio, otros valores de significación, o desvelando aquéllos que en una escritura convencional hubiera quedado ocultos».

Todo su trabajo se resume en una «síntesis semántíco-visual-fonética». En otras palabras, esta poesía -si queremos llamarla así-, en correspondencia con su calificación de visual, linda con la plástica o, como otros gustan de decir, con lo interdisciplinar. A la poesía visual (o concreta, visiva, fonética, cinética, espacial..., nombres que también ha recibido) hay, ante todo, que saberla ver. Frente a la poesía para leer, la poesía para ver. Esta poesía visual tiene ya su historia (y tan larga que algunos la remontan al hombre de las cavernas); y en esa historia y en nuestro país, Gustavo Vega es -con sus publicaciones, exposiciones, talleres y premios- un artista bien situado. Recientemente pudimos ver exposiciones de su poesía visual en León y Ponferrada. Pero hoy no nos toca hablar de su obra, sino de ese taller de creación poética que fundó y dirige en Barcelona y del que ahora ofrece un pequeño fruto que quiere titularse Plaza del Buensuceso a lo largo del libro o, en catalán, del Bonsuccés, tal como aparece en la portada.

En un piso de esa plaza barcelonesa del casco antiguo de la ciudad, se reúne semanalmente el equipo de «Ex.Tensión Fonética» («Laboratorio de experimenta (acciones) poeticofónicas») y los grupos de los «Talleres de creación poética» organizados por Gustavo Vega. A esos grupos pertenecen estos trabajos que reseño. En el prólogo del libro nos habla Vega de los talleres y de su funcionamiento. En el taller se manipulan palabras y otros materiales de la realidad con el fin de crear, inventivamente, «objetos» que adjetivan como poéticos; en la metodología que se sigue entran palabras como compartir, confrontar, buscar, ejercitar, observar, reflexionar y experimentar. Las dos líneas básicas de trabajo son la textualidad (exclusivamente literaria) y la interdisciplinaria, línea esta última que acoge las poéticas visuales y a la cual corresponden los trabajos de esta Plaza del Buensuceso.

Lo demás le toca al lector, que sabrá interpretar la diversidad de un libro breve con composiciones -visuales o no- de diecisiete poetas diferentes; si en algún caso parece haber alguna simpleza, en otros hay rigor, búsqueda y experimentación. Y eso siempre es bueno.

Volver a Libros