EL PLACER DE SER

(fragmentos del prólogo)

por José María Balcells

Catedrático de Literatura Española, Universidad de León.

 

 

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El escritor leonés Gustavo Vega es uno de los más singulares poetas de las letras españolas de la segunda mitad del siglo XX. Uno de los factores que más inequívocamente singularizan su figura literaria es la indeclinable fidelidad a la exploración de la veta que, en términos muy amplios, cabría denominar poéticas de creación visual. Su singladura creadora no puede equiparare, pues, a la de quienes, tras una etapa vanguardista, encauzaron luego su obra hacia parámetros más convencionales. Y tampoco resulta comparable con la trayectoria de aquellos que, al compás de la revitalización de la poesía visual en unos años dados, dejarían al margen por un tiempo la convención más usadera para sumarse a las prácticas visuales. 

(...) Pues bien: cuando situamos a Vega en la línea de los muy contados poetas de creación visual de las últimas décadas, entonces se recorta ante nosotros la verdadera dimensión que lo caracteriza, porque si bien se parece a algunos en haberse mantenido fiel al rumbo antedicho, un rumbo muy plural, no se parece a nadie en la decidida constancia y esfuerzo en indagar y producir con todos los medios, implicando en ello y coimplicando tanto los recursos literarios más convencionales y arraigados en la tradición como los vanguardistas y experimentales.

Hemos dicho, efectivamente, indagar y producir, porque esta simbiosis de reflexión teórica y de creación literaria constituye otro de los elementos que también distinguen a Gustavo Vega dentro del panorama poético español actual, un panorama en el que las especulaciones poéticas han sido muchas, e incluso se ha practicado una poética ad hoc, la llamada metapoesía. Pero en estas coordenadas de subido interés hacia el quid sit de lo poético, destaca igualmente el perfil particular de Vega, dada su dedicación a la investigación y enseñanza de la filosofía, de las artes plásticas y de la creación poética.

(...) Como consecuencia de esta vertiente triple, pero imbricada entre sí, Gustavo Vega tal vez sea el escritor que dispone de más base para adentrarse en el tan complejo universo de lo poético y para trasmitirnos, en forma especulativa y en forma práctica, el resultado de sus experiencias en el recorrido de caminos no hollados antes en poesía...

(...) Dentro del tan variado mapa de manifestaciones poéticas, Gustavo Vega ha insistido en algunos tipos preferentes de creación literaria, a saber: la creación de poemas "textuales", la de poemas "visuales" y la experimentación fonética; lo que le ha movido tanto a la publicación de poemas escritos como a la realización de exposiciones y recitales; campo éste último en el que se ha valido frecuentemente del Grupo“Ex.Tensión Fonética”.

(...) Es una temática centrada en la condición humana tal como la percibe el poeta, cuyo punto de vista no difiere, más que en la forma, de las principales reflexiones del pensamiento filosófico y ascético secular. Ahora bien: hay otros temas complementarios en el libro, así los del amor, de la poesía, de la belleza, del devenir personal, y otros relacionados con deshumanizaciones concretas. A la luz del contenido de El placer de ser, la forma de expresarlo escogida por Gustavo Vega es insólita en grado sumo, porque no tenemos noticia en nuestro tiempo de haberse compuesto un libro de título y forma en apariencia tan lúdicos que sirva de cauce a un sentir y a un pensamiento en verdad tan adversos.

(...) el contenido primordial de la misma, que no es otro, según dijimos, que el de la condición humana, aunque revitalizado nuevamente por el sentimiento y la reflexión de un poeta que, acaso por vez primera en la historia literaria española, ha desarrollado tan denso pretexto dentro de la creación visual.

(...) La apariencia lúdica de El placer de ser deriva de las distintas formulaciones poético visuales de que se ha valido el poeta en la obra, formulaciones indicativas de que Gustavo Vega es uno de los más representativos autores de hoy en la vertiente antedicha. Pero la realidad severa que nutre el contenido del libro deriva no sólo de las propias preocupaciones filosóficas y existenciales, sino de lecturas de poetas y pensadores concretos que van desde la ascética cristiana, aprendida en la literatura áurea española, hasta el existencialismo contemporáneo.

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