GUSTAVO VEGA Y LA POESÍA

(fragmentos del prólogo)

por Joaquín Marco*


Gustavo Vega es un hombre profundamente serio. Es tan serio como su ambición: la poesía visual, el poema hecho imagen, la letra, el signo, invadiendo nuestra realidad.

Vega es leonés, pero vive en Barcelona. Su interés por la plástica se inscribe en la poesía, plásticapoetica o poéticaplastica. Signo y aventura hasta sepultura. Síntesis-semántico-visual-fonética. Ni más ni menos: (ni + ni -) / (+ ni - ni).

Poesía visual, ¿puede "verse" la poesía? El pensamiento y el sentimiento, que tanto había preocupado a los románticos intelectuales, se convierte ahora en una nueva inquietud expresiva. La clave está en la forma exterior, en la imagen visual, en la captación por el ojo.

El ojo engaña. La poesía visual nace, como el descuido, en nuestra civilización de la imagen. Pero los poetas como Gustavo Vega la provocan. ¿Será un espejismo? Los poetas como Gustavo Vega bucean en el espejismo. (...)

Los paisajes de Gustavo Vega son signos.

(...)

Hay una belleza de objetos fabricados, de colores propuestos, de letras, como la "A", perdidas, casi tiernas. ¡Oh, el collage, como nosotros mismos! Mezcla ordenada de lo confuso. En la soledad de los objetos nos reconocemos.

 (...)

Gustavo Vega trabaja a la luz de la lámpara con unas tijeras, unos pinceles finos, un libro, unos ojos desmesuradamente abiertos. Buscará la nieve en la página negra. Pondrá una gota de color. Intentará alcanzar para los nuevos algo que aún no han visto.

La poesía y el signo. La imagen y la belleza del hallazgo, la inquietud de la estación. Lo artificial como consigna. Todo ello no deja de inquietarnos cuando Gustavo Vega llama a la puerta, camino de sus tierras leonesas, en un invierno tan triste como hongo.

Los diferentes poemas que conforman “PROLOGO PARA UN SILENCIO”, libro que en un primer momento iba a ser denominado ”DE LA FORMA PERFECTA”, se articulan artificiosamente generando un dinamismo lineal que va DEL SILENCIO AL SILENCIO. Desde un silencio primigenio, silencio oscuro, negación del asombro y del paisaje,  aunque, eso sí, viscosamente asido al desperdicio del hueco..., hasta el silencio último, definitivo. Materia oscura que desconocemos. Postrer silencio, que es tan oscuro, innominable e inmenso como el primero.

Y, entre un silencio y otro silencio, LA VIDA, EL MUNDO, resueltos en imágenes. La “A”, letra primera o, según como se mire, letra última, de la PALABRA, y con ella de EL LENGUAJE, de el cosmos que conforma el logos, y del AFECTO, de la palabra amor... Y, también, el TÚ y el YO encadenados, y des-encadenándose.  Y el  “OH”, al que Gustavo Vega denomina con pícara sonrisa conjunción copulativa. “Oh”, que de pronto se minimiza, o maximaliza, en un desnudo, o desnuda, “O”. ¿Letra? ¿Número? ...IMAGEN. ¿El Todo? ¿La Nada?. El SILENCIO,  la “h”. La “H”, iconográfico laberinto del silencio. O, icono energético sin significación precisa, “!”.

________________

Joaquín Marco: Poeta, crítico literario y catedrático, Universidad de Barcelona.

Volver a Libros